lunes, 4 de mayo de 2009

EL AVIADOR BENDER.


Posiblemente si has llegado a este blog, ha sido después de revisar webs similares en apariencia pero con un trasfondo totalmente distinto. La inmensa mayoría de información que recibas de este calado es directamente contra información. La clave radica en que esas dudas no inquietan a la multitud y que al individuo al que le acechan las preguntas es mejor ahogarlo en un marasmo de contradicciones que le hagan perder el rumbo, el ánimo y el aliento para así lograr su objetivo... que no es otro que el de mantener la autentica conspiración para siempre velada. Nosotros somos pequeños (Mr. T, reconoció haber manipulado nuestro contador de visitas) nos hacemos un hueco en esta revolución a golpe de bit y de papel impreso, sabemos que en un determinado punto deberemos poner fin a este proyecto, pues ellos establecen un momento límite a partir del cual las ganancias de un asesinato superan las posibles perdidas... y eso lo tenemos muy en cuenta. La verdad y sólo la verdad se obtiene solo de quienes han tenido contacto directo con los que mueven los hilos... nosotros lo hemos tenido, nuestra historia esta adornada con momentos de tan absoluto delirio que jamás podremos publicar según que cosas. Pero a lo que vamos, como ya son varios los que me preguntan el por que de mi afirmación de que la tierra es hueca y de que moramos en su interior, les digo que si bien es cierto que existe muy poca información sobre el casual, con una sencilla búsqueda en la red o en alguna librería de viejo se consigue información sobre un tal BENDER o el aviador BENDER que de alguna manera influyo en el Tercer Reich. Ojo no hablo de HORBIGER cuya teoría base no tiene nada que ver con la tierra hueca si no con la lucha eterna entre el hielo y el fuego, hablo de un paradigma diferente a todo lo conocido por nosotros, tristes esclavos de la democracia y la física judía. Hablo de la tierra como una creación mental y no como metáfora si no como realidad, hablo del mayor engaño de los siglos... de que vivimos en una cárcel tridimensional que podría ser paraíso (desgraciadamente de un solo ser, múltiple pero uno) de que no hay luna ni planetas ni estrellas ni galaxias... sólo piedra de naturaleza mental. La física exótica que solo los nazis conocieron da las respuestas a todo, por que su naturaleza no es plebeya si no aristocrática. No tengo más tiempo pero dejo a continuación una serie de artículos extraídos de la web que entre medias verdades y medias mentiras ayudaran a aclara un poco esto, no obstante prometo ampliar esta información y ser un poco más claro... si los dioses me lo permiten.

JOHN CLEVES SYMMES Un rebelde en la corte de las Trece Colonias Remontémonos a 1823. Ese año “el representante de Kentucky, Richard Johnson que llegaría a ser vicepresidente de los Estados Unidos, se levantó en la Cámara, para presentar, respetuosamente una instancia en la que se pedía que el Congreso costeara una expedición al centro de la Tierra; y, al instante, volvió a imperar el bullicio en la asamblea”. Aunque la moción sonara a broma, ya llevaba cinco años dando vueltas por el territorio norteamericano. El impulsor de la propuesta era un capitán retirado, John Cleves Symmes, que combatió a los británicos en la Guerra de la Independencia. “Yo declaro que la tierra está vacía y que su interior es habitable; que contiene un cierto número de esferas concéntricas, sólidas, una dentro de la otra, y que tiene una abertura de doce a dieciséis grados en el polo. Empeño mi vida en apoyo de esta verdad y estoy dispuesto a explorar el hueco, si el mundo quiere sostenerme y ayudarme en tal empresa. John Cleves Symmes, de Ohio, antiguo capitán de infantería. Tengo preparado para la prensa, un tratado sobre los principios de la materia, donde doy pruebas de la proposición anterior, explico varios fenómenos y revelo el “secreto dorado” del doctor Darwin. Mis condiciones son el patrocinio de esto, y el nuevo mundo lo ofrezco a mi esposa y sus diez hijos. Elijo como protectores, al doctor S.L. Mitchel, a Sir H. Davy y al barón Alexander von Humboldt. Invito a un centenar de bravos compañeros, bien equipados, a partir desde Siberia, en la estación otoñal, con renos y trineos, para avanzar en la superficie del mar helado; doy mi palabra de que encontraremos una cálida y rica tierra, llena de florecientes vegetales, y de animales, si es que no hay hombres, al llegar, un grado hacia el norte de latitud 82; regresaremos durante la primavera siguiente. J. C. S”. Cuando Symmes escribe ese panfleto apasionado en defensa de la Tierra Hueca, ya se encuentra retirado de sus actividades militares, disfrutando de una apacible vida hogareña que por lo visto lo aburría. Ni los diez vástagos que tenía a su cargo, ni al parecer su esposa lograban aplacar el espíritu del indómito capitán, que invirtió sus últimos años en tratar de interesar a sus compatriotas acerca de este tema. Su creencia en la posibilidad de oquedades polares comenzó con la compra de un telescopio para observar los planetas. “Estudiaba mapas y dibujos de Saturno, y llegó a la conclusión de que el hecho de que haya anillos alrededor de aquel astro, establece que el principio de las esferas concéntricas, o de los planetas huecos, existe realmente. Juzgó que Isaac Newton había incurrido en un error, y que una atmósfera llena de un elástico fluido aéreo o de unas esferas de éter, huecas, microscópicamente invisibles, explican la gravedad: El fluido aéreo crea, en vez de una fuerza arrastrante, una impelente, que es principio real de la gravedad. Opinó también que la materia informe tomaba, en rotación, la forma esférica, y por consiguiente, una masa nebulosa en rotación, como lo era nuestra tierra durante su proceso formativo, no asumiría la forma de una esfera sólida, sino, más bien, la de esfera hueca”. Para sustentar esta visión se adentró en cierto tipo de lectura esbozada por algunos autores partidarios de su querida teoría. Estudió a Burnet “que creía que la tierra había sido, anteriormente, un pequeño núcleo, cubierto de petróleo, al cual se había adherido el fluido de la atmósfera, formando así la corteza terrestre. Otros escritos fueron los de Woodward “que afirmaba, que la tierra está formada por distintos estratos, dispuestos en lechos concéntricos, como las capas de una cebolla”. De Whiston extrajo “que la tierra había sido originada por un cometa, y que en el cometa se formado un abismo líquido, el cual había sido cubierto después por una corteza, de modo que, en su aspecto final, la tierra se parecía a la yema, a la clara y a la cáscara de huevo”. Aunque estos autores colmaban sus expectativas, Symmes indagó aún más en el pasado y encontró que en 1692, el famoso astrónomo Edmund Halley, descubridor del cometa que lleva su nombre, esbozó “que debajo de la corteza terráquea había un vacío, dentro del cual giraban tres planetas del tamaño de Venus, Marte y Mercurio. Halley no estuvo solo ya que poco después el famoso matemático alemán Leonard Euler agregó a las observaciones del británico una pequeña modificación unificó los tres planetas en uno solo, “al cual dio luz de día y una avanzada próspera civilización”. Esta corriente sería seguida por Cotton Mather “habló de un universo interior” y “dos décadas más tarde, el barón Holberg escribió una novela en la cual el protagonista caía dentro de la tierra, para descubrir allí un sol y un sistema solar, y convertirse él mismo, durante tres días, en un satélite girante”. Uno de los últimos científicos en unirse a Halley y Euler fue el escocés Sir John Leslie “célebre por sus investigaciones sobre la radiación, especuló acerca de una tierra hueca, provista de dos resplandecientes planetas, semejantes al sol, llamados Proserpina y Plutón”. Symmes carecía del don de la oratoria, pero recorrió el país brindando algunas Conferencias ante un público ávido por novedades. En 1820 se dio a conocer “Symzonia: un viaje de exploración”, que fue editado por la casa editora J. Seymour (New York) y firmada por un tal Adam Seaborn. “Esta divertida obra de ciencia ficción era una parodia de Symmes, de su hipótesis, y de su expedición en proyecto. En el relato, el autor, en prime ra persona, inspirado por Symmes, prepara una exploración de las regiones polares, con el pretexto de cazar focas. Al acercarse al lugar donde se encuentra el “gélido cerco” que conduce al mundo interior, la tripulación descubre en una isla, los huesos de un monstruo. Antes que la dotación pueda amotinarse, el capitán deja que su buque de vapor sea rápidamente arrastrado, por fuertes corrientes, hacia el sur. No tardan en hallarse dentro de la tierra. Symzonia. En su metrópoli, el capitán y sus hombres dan con una raza albina de seres humanos, vestidos con ropas blancas como la nieve, y que hablan un musical lenguaje. Symzonia, iluminada por dos soles y dos lunas, es una utopía socialista. El pueblo albino, regido, por un individuo superior, vive prósperamente, posee oro y dispone de avanzados inventos, tales como dirigibles armados con lanzallamas que arrojan gas encendido a una distancia de un kilómetro y más. Celosos por mantener su régimen, los symzonianos obligan al capitán y a su equipaje a que regresen al mundo exterior, más avaricioso”. Muchos consideran que tras la fachada de Adam Seaborn se esconde la pluma del mismo Symmes. ¿Ridiculizándose así mismo? ¿No será tal vez que debemos pensar en un verdadero ataque lanzado por algunos detractores que despreciaban sus teorías? Salvo que el capitán tuviera un sentido del humor a toda prueba, eso haría que los rumores que lo describen como un hombre de mal genio “que se encendía rápidamente en presencia de una situación ridícula, y que su falta de paciencia no le permitía coordinar, de una manera ordenada y minuciosa, sus radicales ideas”, no tuvieran ningún fundamento. ¿O sí?[1] Uno rico empresario James MacBride se convirtió en su “padrino y colaborador”, quién adaptó sus investigaciones en un libro Symmes’ Theory of Concentric Spheres (1826) donde se podía leer: “según el capitán Symmens, el planeta que ha sido denominado Tierra está compuesto, como mínimo, de cinco esferas concéntricas, huecas, con espacios intermedios, y una atmósfera alrededor de cada una; y son habitables, tanto en la superficie cóncava, como en la convexa. Cada una de estas esferas tiene amplias aberturas en sus respectivos polos. Aunque la ubicación particular de los lugares donde se cree que existen las aberturas polares, puede que no haya sido averiguada con absoluta certidumbre, se considera, no obstante que la misma es aproximadamente correcta; su situación ha sido conjeturada por apariencias que existen en aquellos lugares; tales que como un círculo o zona que rodea al globo y en la cual no crecen árboles ni otra vegetación (excepto musgo); las mareas del océano corren en diferentes direcciones y que, al parecer se reúnen; la existencia de volcanes; las hinchazones del fondo, en el mar, que son más frecuentes, la aurora boreal que asoma hacia el lado sur”. El retirado capitán se convirtió con el tiempo en un personaje peculiar que provocaba sonrisas por lo bajo, defensores a ultranza y enojosos intelectuales que desde su irrupción en escena con la idea de una Tierra Hueca no dejaban de criticarle. Eso explica porque en vida jamás alcanzó los fondos necesarios para llevar a cabo una expedición, falleciendo a la edad de 42 años (1828) sin lograr su objetivo. Pero su bandera fue izada por otros. Tan solo un año después de su partida uno de sus más fervientes discípulo Jeremiah Reynolds logró convencer a un rico empresario Watson, que a diferencia de Mac Bride que apadrinó a Symmes creyó en la existencia de una Tierra Hueca, y decidió financiar de una vez por todas el excéntrico viaje al Polo Sur. Se contrataron dos navíos el Annawan y el Serpa. Pero la aventura casi termina en tragedia. “Los navíos efectuaron el desembarco a los 82 grados de latitud sur, pero el grupo que saltó a tierra se extravió y fue salvado, en el instante preciso, de la muerte por inanición. Después la tripulación amotinada obligó a que los buques pusieran proa a la patria; se pertrecharon en las costas de Chile, desembarcaron a Reynolds, y siguieron adelante, para buscar, en la piratería, descubrimientos más provechosos”. Pronto las ideas de Symmes tomarían otra dimensión y sobrevivirían de mano de algunos de las mentes literarias más vivaces de su tiempo, que explotarían el tema hasta el hartazgo. Edgard Allan Poe fue uno de los primeros en tomar la posta. “El manuscrito en la botella”, “La incomparable aventura de un tal Hans Pfall” y “Las Aventuras Gordon Pym” son una buena muestra. En 1864 el escritor francés Julio Verne dedicaría una de sus mejores novelas al género, “Viaje al centro de la Tierra”, la única profecía verniana que sus cultores dicen aún no se cumplió. A esa le seguiría la “Esfinge de los Hielos”. Otro escritor maldito, Lovecraft legaría “Las Montañas de la Locura”. Edgard Rice Burroughs, creador de Tarzán, imaginó en su novela “En el centro de la Tierra a Pellucidar”, un continente perdido en el interior del planeta con acceso por el Polo Norte. En 1868 se da a conocer “Un globo hueco”, del profesor W.F. Lyons, que retomaba la idea de Symmes aunque desconociendo su nombre de las obras consultadas característica que muchos autores imitarían. Consciente de tal omisión Americus Vespucius Symmes, uno de los diez hijos del desaparecido militar publica (1878) “Teoría de las esferas concéntricas de Symmes, que demuestra que la tierra es hueca, su interior habitable, y con espaciosas aberturas en los polos”. “Esta colección fue publicada por Bradley and Gilbert, de Louisville. Aunque Américo acredito a su padre como autor absoluto del texto, e hizo constar que él era únicamente un compilador, en realidad compuso una colaboración original para el volumen. Symmes había afirmado que bajo la tierra existía una civilización. Americus no fue capaz de resistirse a dar más detalles. Esta civilización, dijo, no era otra que la de las diez tribus perdidas de Israel, que habían sido localizadas por otros en zonas tan distantes como México y la Atlántida”. Con el comienzo del Siglo XX, el legado de Symmes cruzaría los océanos y ganaría partidarios, que esparcirían el evangelio de la Tierra Hueca por todo el mundo. REED, EMERSON, GARDNER Y OTROS ¡La Tierra es Hueca, Hueca, Hueca! Uno de los primeros evangelistas en retomar las teorías de Symmes fue William Reed, que en 1906 publicó “El fantasma de los Polos”. Plagado de referencias científicas, y nutrido de una amplia bibliografía con especial énfasis en los trabajos publicados por los exploradores del Ártico, el libro alcanzó la categoría de culto entre los seguidores de la Tierra Hueca, y se convirtió en un material de referencia obligatorio para los demás estudiosos del tema. Escribiría Reed “la tierra es hueca o no es ¿Qué pruebas hay de que no sea hueca? Absolutamente nada lógico y pormenorizado. Por el contrario: todo lleva a creer que es hueca. Si lo es realmente y si en su interior hay volcanes en actividad, ¿no deberíamos divisar grandes resplandores reflejados en los témpanos y en las nubes, así como otros grandes fuegos reflejan la luz? ¿No tendríamos que ver grandes nubes de humos y de polvo, análogamente a lo que sucede con otros volcanes en actividad? Es precisamente eso lo que han testimoniado todos los exploradores: nubes oscuras y bajas que afloran en el mar o que flanquean los témpanos”. // “Si la Tierra fuera hueca ¿una vez que se ha penetrado en la abertura polar no debería hacer más calor en invierno y más fresco en verano? Son los exploradores árticos quiénes afirman que el viento del norte, en invierno, hace subir la temperatura, en tanto que al sur se mantiene más baja. En verano, en cambio, el viento del sur hace subir la temperatura, que el norte se mantiene más alta. Exactamente, lo que ocurriría si los vientos procedieran del interior de la Tierra. Además, si la Tierra es hueca, no puede ser redonda, ya que la abertura proporcionalmente a su propia extensión, le restaría parte de su redondez. De cualquier modo, todos concuerdan en que la Tierra es achatada en los polos. Además se torna más templada cuando se va hacia el norte o el sur ¿Se trata de esto? No hay sino una respuesta: que la Tierra es hueca, más cálida en su interior que en el exterior. El viento que sopla en verano entibia la atmósfera a medida que uno se aproxima al norte. Si la Tierra fuera sólida, ni la ciencia ni la razón podrían proporcionar una explicación racional del mayor calor existente más al norte. Todas las teorías conocidas se oponen a tal conclusión. Cuanto más pronto se adopte la teoría según la cual la Tierra es hueca, tanto más pronto se resolverán las cuestiones más complicada, el espíritu se gratificará con ese inmenso placer que representa el triunfo de la razón”. Además de este pensamiento Reed proponía doce preguntas en el “Fantasma de los Polos”, que reafirmaban su posición, algunas de las cuales versaban sobre: · Ausencia de sol durante los largos inviernos árticos · Funcionamiento anormal de la brújula en el extremo Norte · Superación del anillo que delimita la abertura polar e ingreso en el interior de la Tierra · Rocas en los témpanos, nieve de color, polen y polvo en el extremo Norte · Mar abierto en el extremo Norte · ¿Por qué hace más calor cerca de los Polos? · ¿Cuál es la causa de la coloración de las nieves del Ártico? Dos años más tarde vería la luz (1908) “El Dios humeante o un viaje al interior de la Tierra” de Willis George Emerson. Relato en formato novela, el escritor afirmaba que basaba su historia en un hecho real acaecido en 1829 protagonizado por un pescador noruego, Olaf Jansen, que junto a su padre lograron penetrar en tierras desconocidas del Polo Norte. Según narra Emerson, Jansen le legó un manuscrito y mapas de su aventura polar, poco antes de morir. Allí se afirma que en esa cavidad intraterrena habitan gigantes vegetarianos con edades de entre 400 a 800 años. En su interior hay un sol brumoso y la relación agua tierra es lo contrario a la existente en la superficie como si se tratase de una negativo de nuestro propio mundo “Poseen un altísimo nivel científico. Están en condiciones de trasmitirse unos a otros el pensamiento, utilizando un cierto tipo de radiaciones; además, disponen de fuentes de energía más potente que la electricidad”. Su lenguaje se parece al sánscrito, y se trasladan de una ciudad a otra en un tren tipo monoraíl, que funciona con volante antigravitacional. Los gigantes serían descendientes de las 10 tribus perdidas de Israel, y vivirían en Jehu. En otras de sus ciudades, Edén, residiría el rey del mundo, cuya capital es Shamballah. El libro de Emerson inspiraría posteriores descripciones del mundo intrataterreno, y marcaría el modelo a seguir. Su fascinante combinación de tecnología de avanzada con misticismo religioso sería continuada por varias autores. En 1913 aparece el libro de Marshall B. Gardner[2], “Viaje al Centro de la Tierra o ¿Los polos han sido realmente descubiertos? “Retomando el camino trazado por Reed, el trabajo de Gardner resumía “veinte años de investigaciones basados en los informes de los exploradores árticos y en las observaciones astronómicas”. Aunque los escritos presentados se volvían más complejos, con el objeto de ganar más adeptos a la causa de la Tierra Hueca, la idea central de Symmes perduraba por más que se la intentara ridiculizar. Gardner “consideraba a su predecesor como un mero chiflado” // “y despreciaba los planetas internos de Symmes”. Sin embargo su inmenso tratado de casi cuatrocientas cincuenta páginas no escapaba a la visión general vaticinada por Symmes, que Gardner también reproducía pero en mayor escala. Decía: “que la Tierra es una conchilla vacía cuya corteza externa tiene un espesor aproximado de 800 millas y cuya abertura polar mide alrededor de 1.400 millas de diámetro. Afirma que los mamuts proceden del interior de la Tierra, donde viven aún, y que los animales gigantescos hallados en la región polar no pertenecen a especies extinguidas en la prehistoria sino existentes todavía: quedaron congelados en el momento de pasar por la abertura polar. Siempre en apoyo de su teoría de que la Tierra es hueca y posee un sol central[3], Gardner destaca que los pájaros y los animales, en invierno, emigran hacia el norte, para hallar una temperatura más templada. Agrega asimismo, que a medida que los exploradores se aventuran hacia el polo norte el clima se torna más cálido, en particular una vez superado el paralelo de 80º. Los vientos procedentes del extremo norte tornan el aire más tibio. Por la misma causa, las aguas del mar, siempre en el extremo norte, en vez de estar congeladas, se mantienen líquidas. Gardner se ocupa más adelante del polen rojo hallado en los témpanos y ventisqueros, como así también de los detritos vegetales arrastrados por las corrientes tibias procedentes del norte”. Los escritos de Gardner así como los de Reed, profesaban un acercamiento científico del tema; no obstante solo hipotetizan a bases de las observaciones realizadas, y evitan pronunciarse sobre una futura exploración que comprobara sus teorías. Sin embargo sus trabajos dejarían una profunda huella y grandes interrogantes, que alimentarían las ansias por buscar esas tierras más allá de los Polos. Con el advenimiento del Nazismo, la teoría de la Tierra Hueca tomaría un nuevo giro, inscribiéndose en las páginas de historia como uno de los sucesos más insólitos registrado durante la Segunda Guerra Mundial RADARES APUNTANDO A LA NADA Cuando los nazis negaron la redondez de la Tierra ¿Qué lleva a un país como Alemania, a interesarse por la teoría de la Tierra Hueca en medio de los avatares de la Segunda Guerra Mundial? ¿Una escapada ante tanto horror? ¿O para satisfacer una ciencia propia, que buscaba diferenciarse del materialismo racionalista imperante en esos días al que despreciaban? Tal vez los sabios alemanes estaban en posesión de secretos ignorados por la gran masa restante, en especial la de sus enemigos, y es por eso que pudieron convencer a los grandes Jerarcas de su partido que financiaran la expedición a la Isla Báltica de Rugen, que como sabemos culminó en fracaso. Es probable que mucha de la literatura bibliográfica antes mencionada sobre la Tierra Hueca influenciara en gran medida a los inquietos alemanes que se lanzaron a la aventura. Pero nuestro estudio revela otros escritos, fuentes no menos importantes y que fueron utilizados como modelos para dar validez a su loca teoría. La elección nazi recayó en un escritor de origen norteamericano, Cyrus Read Teed, un descarriado alquimista que seducido por la doctrina de la Tierra Hueca, retomaría una vez más la cruzada iniciada por Symmes. Cyrus Read Teed nació en 1839 en el estado de Nueva York. Durante su juventud fue integrante de los cuerpos médicos del ejército norteamericano. “Teed era un espíritu de gran erudición, especializado en el estudio de la literatura alquimista. Un día de 1869 mientras trabaja en su laboratorio manipulando electricidad sufrió un shock y se desmayó. Durante ese período de inconsciencia fue preso de una visión divina, “un ángel con aspecto de bella mujer”, diría, le reveló “una nueva conciencia espiritual”. Según Teed él era un Mesías “reencarnado, y su misión consistía en reunir a los 144 mil creyentes que con él esperarían confiados el Juicio Final”. Cyrus se convirtió en Koresh, su equivalente en hebreo y de inmediato fundó el Movimiento de Unidad de Koreshan[4]. Sus intereses científicos también sufrieron una mutación, ya que muy pronto pasó a proclamar que “la auténtica cosmogonía consiste en el hecho de la que tierra es una esfera vacía dentro de lacual está contenido el universo[5]”. Su nuevo discurso dio paso a (1905) “Cosmogonía Celular o la Tierra una esfera cóncava”, una extensa obra donde se leía que para Teed “los seres humanos viven por dentro del planeta, no en el exterior. La gravedad ahí no existe, y los humanos son contenidos en el lugar debido a la fuerza centrífuga. El sol es un aparato a pilas gigantesco, y las estrellas meras refracciones de su luz”. Regularmente Teed editaba La Espada de Fuego, una especie de boletín que se distribuía entre sus partidarios. Su movimiento llegó a contar con 4.000 miembros. Koresh predicaba la Reencarnación y anunció que volvería de la muerte. Una vez que se produjo su fallecimiento en 1908 sus seguidores no lo enterraron, sino que dejaron su cuerpo reposara en una tiña de baño, pensando que no se descompondría. “Después de varios días, funcionarios locales de salud forzaron a sus acólitos a darle sepultura”. Aunque Koresh no pudo cumplir su promesa de resucitar en vida, sus ideas sobrevivirían a la corrupción de la carne, y harían mella en la belicosa Alemania de la Segunda Guerra. Veamos. Cuenta la historia que “al terminar la guerra de 1914, un joven aviador alemán, prisionero en Francia, Peter Bender, descubre unos viejos ejemplares del periódico de Teed, “La Espada de Fuego”, así como unos folletos de propaganda de la Tierra Hueca. Atraído por este culto e inspirado a su vez, concreta y desarrolla esta doctrina. De vuelta en Alemania, funda un movimiento, el Hohl Welt Lehre”. Además de Teed, Bender recurre al enciclopédico trabajo de Marshall Gardner. Tiempo después el renovado e inspirado piloto enuncia: “la Tierra es una esfera de la misma dimensión que en la geografía ortodoxa, pero es hueca y la vida se halla adherida a la superficie interna por efectos de ciertas radiaciones solares. Más allá, se extiende la roca hasta el infinito. La capa de aire, en el interior, tiene un grosor de sesenta kilómetros; después se enrarece hasta el vacío absoluto del centro, donde se encuentran tres cuerpos: el Sol, la Luna y el Universo fantasma. Este Universo fantasma es una bola de gas azulado, en el cual brillan unos granos de luz que los astrónomos llaman estrellas. Cuando esta masa azul pasa por delante del Sol, cae la noche sobre una parte de la concavidad terrestre, y la sombra de aquella masa sobre la Luna produce los eclipses. Creemos en un Universo exterior, situado encima de nosotros, porque los rayos luminosos no se propagan en línea recta: son curvos, a excepción de los infrarrojos”. Los nazis abrazaron los trabajos de Peter Bender, a los que siguieron escritos de Johannes Lang, Karl Neupert y Fritz Braun. Durante los años 30’ la teoría de la Tierra Hueca fue tema que apasionó a cierta cúpula del partido nacionalista y que con el ascenso al poder pasó a engrosar una de las tesis que desafiaban la lógica reinante, y como una manera de contradecir a Einstein, a quién despreciaban por su condición de judío y quién debió emigrar a EE.UU. Tanto entusiasmo generó la idea de Bender, que tres años antes de finalizar el conflicto con los aliados, Alemania envió una expedición a la Isla de Rutgen, pormenores citados al comienzo de nuestro informe. Heinz Fisher uno de los científicos que participó del fallido experimento, y que luego trabajaría con los americanos relató que “los nazis me hacían realizar un trabajo de locos, lo que entorpecía considerablemente mis investigaciones”. Un astrónomo del observatorio de Monte Palomar Gerard S. Kuiper escribía en “Popular Astronomy ” que “en ciertos medios importantes de la Marina y de la Aviación alemanas, creían en la teoría de la Tierra cóncava. Pensaban que les resultaría particularmente útil para señalar la posición de la flota inglesa, y que la curvatura cóncava de la tierra, permitiría observaciones a gran distancia por medio de los rayos infrarrojos, menos curvados que los rayos visibles”. Con la operación fracasada en Rutgen, el entusiasmo inicial demostrado hacia la causa de la Tierra Hueca se abandonó, siendo reemplazado por un creciente malhumor que creció hasta convertirse en venganza. “La autoridad de Bender, a los ojos de los dignatarios nazis, decreció a pesar de la protección de Goering que sentía afecto por el antiguo héroe de la aviación” // “Bender fue arrojado a un campo de concentración, donde murió. La Tierra cóncava tuvo así a su mártir”. Hans Hörbiger (1860-1931)[6] fue otro de los impulsores de la Tierra Hueca. “Algunos de sus seguidores formaban parte de grupos de aficionados a los cohetes que lanzaban sus ingenios en las afueras de las grandes ciudades. Sus ideas habían calado tan hondo que a finales de ese año la Sociedad para Vuelos Espaciales —en Berlín— decidió comprobar una de sus insólitas teorías: la de la Tierra hueca. Según esta hipótesis la superficie de la Tierra se encuentra en el perímetro interior de una esfera hueca, el Sol está situado en el centro de la cavidad y la tierra se extiende infinitamente por debajo de nuestros pies en todas direcciones. Sería algo así como imaginarse el mundo al revés. Se eligió la ciudad de Magdeburgo para realizar la experiencia. Se lanzarían los dos cohetes que en ese momento tenían disponibles con la esperanza de que alguno de ellos ascendiera verti-calmente hasta llegar a las antípodas de nuestro planeta. Increíble pero cierto. El primer cohete se elevó tímidamente por encima del cobertor de hierro que parapetaba toda la estructura de lanzamiento, y poco más hizo que detenerse y caer al suelo. La segunda tentativa fue más prometedora; el cohete se elevó con mayor brío alcanzando unos metros hasta que se desvió y comenzó a volar vertiginosamente en horizontal sobre los atónitos testigos, que vieron cómo caía en un labradío cercano. El disparatado experimento había concluido y la errónea teoría de Horbiger quedaba sin demostración”. En la redacción de este Capítulo no podemos dejar de mencionar, que dentro de la cúpula nazi funcionaba “La Sociedad de estudios para la antigua historia del espíritu (Deutsche Ahnenerbe)” mejor conocida como la “Herencia de los Ancestros”, que también se interesó por el tema de la Tierra Hueca. Una de sus ramificaciones más famosa fue “Sol Negro”, que tuvo como objetivos “buscar las entradas al mundo subterráneo y poner en marcha proyectos secretos en cuanto a tecnología de avanzada”. Pero de este tema invitamos al lector a remitirse a nuestros anteriores trabajos que consignamos en la bibliografía final. Antes de concluir, se hace necesario hablar de dos autores literarios que también tuvieron una influencia capital en el desarrollo de la teoría nazi sobre la Tierra Hueca. Hablamos de Bulwer Lytton. Edward Bulwer Lytton (1803-1873), fue uno de los escritores ingleses más reconocidos en la época victorina, que alcanzó fama con (1834) “Los últimos Días de Pompeya”. Fue integrante de dos famosas escuelas esotéricas, Rosacruces y Golden Dawn, que fueron de gran influencia en su literatura posterior. Uno de esos legados sería (1870) “La Raza Futura”[7] o mejor conocida como “Vril: el poder de la raza venidera”. El libro cuenta la historia de un norteamericano, de nombre anónimo “que en un año no especificado de principios del siglo XIX llega a Inglaterra y es conducido a una excursión por unas minas; allí se entera de una leyenda según la cual uno de los túneles conduce a unos misterioso mundo subterráneo”. // “El protagonista descubre la existencia de una civilización desconocida, la Vril-Ya, en el subsuelo profundo de la tierra. Esta civilización está mecanizada y altamente desarrollada tecnológicamente. La sociedad es comunal, aunque desigual. Lo inquietante es que el elemento que crea el equilibrio de esas sociedad es un arma como un revólver llamada Vril. Para Lytton el Vril “puede ser utilizado para ampliar la conciencia de la mente y permitir la transferencia de pensamiento de una persona a otra por medio del trance o visión. Dice que este líquido que en todo penetra, es el mayor poder sobre todas las formas de la materia, ya sea esta animada o inanimada. Puede destruir con la velocidad del rayo y se la puede disciplinar; aplicad o de modo diferente es capaz de vigorizar o recuperar la vida, curar y conservar. Al narrador le dicen que la fuerza puede utilizarse para cortar el diamante así como dirigirla para destruir el enemigo. Le enseñan una vara que regula el Vril y aprende que el fuego alojado en el hueco de la vara dirigida por un niño podría echar abajo la fortaleza más poderosa y abrirse un camino ardiente desde la vanguardia a la retaguardia en un campo de batalla. Otros usos del Vril son como fuente de propulsión para sus ingenios volantes, vehículos de tierra, mar y aire comunes en .los reinos subterráneos”. Los vril-Ya son una comuna vegetariana, de gran longevidad, y cuyo propósito final es invadir la raza de la superficie. Nuevamente encontramos en la Raza Futura elementos comunes e influencias similares. El narrador anónimo es de origen norteamericano, los Vril –Ya son vegetarianos y longevos, cuestiones todas que remiten al legado de Symmes. Quizás el gran mérito de Lytton fue la introducción del Vril, catalizador de origen eléctrico desconocido en nuestro mundo. Para entender este concepto hay que investigar las afiliaciones espirituales ya mencionadas del autor, tan en boga por esos días. En la Alemania de Hitler la Raza Futura originó la creación de “una sociedad oculta”, que se conoció como la Logia Luminosa o Vril. Según relatara Willy Ley “brillante científico de los fenómenos espaciales, que se encontraba en Berlín en aquel tiempo y que huyó de Alemania en 1933” // “los miembros de la Logia creían tener el conocimiento secreto de la fuerza Vril, y esperaban que ella les permitiera convertirse en los iguales de la raza escondida en el interior de la Tierra. Habían desarrollado métodos de concentración y un sistema total de gimnasia interna con la que podrían ser transformados”.Según Ley el poder Vril sería similar a la “energía inherente de nuestros cuerpos, de la que sólo utilizamos una diminuta proporción en nuestra vida diaria”. Para los sabios hindúes en cambio, la energía Vril[8] es la Kundalini, identificada como una serpiente enroscada que duerme en el hombre. “Es la fuerza microcósmica de energía universal; o dicho más simplemente, el gran almacén de energía estática y psíquica potencial que existe en forma latente en todo el ser. Es la manifestación más poderosa de fuerza creativa que hay en cuerpo humano”. La Kundalini “puede ser muy útil si se la emplea bien, pero extremadamente peligrosa, si se la despierta sin los debidos cuidados y atenciones”. Según “los documentos nazis capturados tras la caída del Tercer Reich indican que Hitler y sus partidarios lanzaron varias expediciones en búsqueda de una entrada al mundo interior. Geógrafos y científicos alemanes recibieron la orden de encontrar un túnel que condujera a los Vril-Ya (como se denominó entonces a ese pueblo oculto). Se revisaron los planes de minas alemanas, suizas e italianas para ubicar posibles pozos, e incluso Hitler ordenó a un coronel de inclinaciones intelectuales que investigara la vida de Lord Bulwer Lytton, con la esperanza de conocer donde, y cuando el autor había visitado el mundo de los Vril-Ya”. [1] Se cree que el verdadero autor es (1764-1835) Nathaniel Ames. [2] En el momento de la publicación de su libro Gardner trabajaba como empleado en una compañía corsetera de Illinois y se costeó su propia impresión. [3] “La más elevada temperatura existente en la zona de orificio polar y la aurora boreal se explican, según Gardner, por la fuente de calor constituida por ese sol; Reed, en cambio atribuía dicho fenómenos a las erupciones volcánicas. Un sol central fuente de calor y de luz, torna posible la existencia de vida humana en el interior de la Tierra. También Reed creía en esta vida, peso a que no lograba explicar un solo central como fuente de aquella luz, sin la cual la vida sería imposible. Gardner se remite también a los datos de la observación astronómica para demostrar que no sólo la Tierra sino también todos los demás planetas son huecos en el interior y poseen un solo central. Gardner vincula estas características con la formación originaria de los planetas”. [4]El Movimiento de Unidad Koreshan tuvo una gran cantidad de seguidores. En 1874 estableció en Estero, Florida (USA), la colonia Nueva Jerusalén. La comuna contaba con panadería propia, imprenta, y trabajaban en la construcción de viviendas para la región. Además de la creencia en la Tierra Hueca, eran partidarios de la reencarnación, inmortalidad, celibato y comunismo. Su gran auge fue entre los años 1903 hasta 1908. [5]Según Teed una de sus fuentes para esta nueva concepción eran los pasajes del profeta Isaías, capítulo cuarenta versículo doce, donde se aludía a una nueva cosmogonía celular “la Tierra es la superficie de una esfera rocosa infinita”. [6]Se creía un nuevo Copérnico, y fue el creador de una teoría denominada Hielo Eterno o Cósmico (Wel Welteislehre) una especie de nueva cosmogonía glaciar, que intentaba explicar el funcionamiento del Universo, en contradicción con las tesis oficiales. [7] Una versión que circula sobre este libro da cuenta que Lytton “se hallaba realizando una especie de retiro meditativo en una localidad de los Alpes italianos -cerca de Bérgamo- en el año 1842. Un día de verano un seis de julio, se encontró con uno de estos extraños seres humanos del subsuelo. Mantuvieron una cierta comunicación telepática, y ella ante los ojos asombrados del escritor, este ser le trasmitió detalles e información de cómo era su sociedad inmersa en las grutas montañosas. Luego se despidieron. Bulwer Lytton nunca se introdujo en esas grutas ni conoció personalmente esa cultura y civilización, pero le sirvió de inspiración”. ¿Cuento o realidad? [8] “La idea de lo que es la fuerza Vril, es semejante a lo que imaginamos del corazón en nuestro cuerpo. El Vril semeja la cavidad del corazón, su fuerza oculta, considerada como centro del ser, como el interior del huevo del mundo. Y tiene por supuesto una relación muy directa con el culto de las cavernas de los antiguos habitantes de América”.

1 comentario:

Jorge dijo...

Ciudadela inca fue construida en los años 1.400 en Perú
Las rocas con las que levantaron la mítica ciudadela inca de Machu Picchu en Cusco, Perú, tienen 250 millones de años, muchos más de los que se creía hasta ahora.
Así lo confirmó un estudio realizado por científicos del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (Ingemmet) de Perú en el libro Geología en la Conservación de Machu Picchu.
Esta construcción se ubica en la cima de una montaña de 2.400 metros en los Andes sureños y fue elegida, en julio anterior, como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.
Según el último reporte científico, las rocas utilizadas en esta construcción son de granito, un material (con silicios y silicatos).
Estas se formaron hace al menos 250 millones de años a una profundidad de cinco a 10 kilómetros de la corteza terrestre.
La antigüedad fue determinada con métodos radioactivos, es decir, mediante la identificación de restos de carbono u otros materiales presentes en los restos de materia orgánica que permanecen en las rocas.
La revelación sobre la antigüedad y su procedencia reviven el misterio de cómo estas rocas llegaron desde las profundidades de la Tierra hasta casi los 2.500 metros de altura donde se encuentran actualmente.
En busca de respuestas. Existen algunas explicaciones posibles. Según el geólogo Víctor Carlotto, actual director del Ingemmet, se cree fue el proceso de levantamiento de la cordillera de los Andes el que provocó que estas rocas salieran de las profundidades de la corteza terrestre hasta la superficie en forma de pequeños fragmentos.
A través de miles de años estas pequeñas piezas de granito y sílice fueron compactándose entre sí y formando bloques de enormes proporciones. Esos bloques son los que, intervenidos por la mano humana, conformaron la ciudadela inca.
“Creemos que en sus inicios fueron rocas inestables y que se requirió la participación de miles de personas para trabajarlas”, dijo el experto Carlotto.
Algunas de estas rocas tienen hasta 12 lados o ángulos y encajan perfectamente unas con otras: entre ellas apenas si cabe un alfiler.
Hasta la cima. ¿Pero cómo ‘escalaron’ las rocas hasta la cumbre de la montaña Machu Picchu?
Según los científicos, la hipótesis más difundida es que los incas lograron subirlas haciendo plataformas y deslizando los bloques de piedra sobre ellas hasta la cúspide...YO CREO QUE DESDE LA TIERRA HUECA AYUDARON A SUBIR ESOS BLOQUES DE GRANITO.